“Las huellas de los osos no pueden, no deben ya, ser disfrutadas solo por aquellos que durante 25 años no han sido capaces… de conservar a las especies.”

Eco-Turismo-02

Hace unos días me ha llegado una carta de lector de Andrés Ordiz Fernández, Doctor en Biología de la Universidad Noruega de la Vida, sobre la preocupación del creciente interés por desarrollar algún tipo de turismo en torno al oso cantábrico.

De nuevo, me alerta que, en los tiempos que corren, las palabras conservación y negocio (esta maldita) sean incompatibles. Y yo que pensaba que, los nuevos doctores y científicos de este país, tenían claro que la conservación activa, moderna, debe buscar otras fórmulas menos dependientes, menos subsidiadas y más avanzadas, por trasnochadas estas e inútiles, a deducir por muchos resultados en los que nos encontramos según ellos.

La reflexión inicial que me pregunto es, que, una cosa puede y debe ser el espacio natural salvaje que deben tener esas especies (su zonificación mínima)  y otra el negar la íntima relación humana que con ellas hubo. Pretender que por empírica razón, nunca el oso o el lobo vieron a un hombre, no hubo ciertas relaciones sociales con ellos es cuanto menos irreal. Hablar de asegurar la viabilidad de la población, sin referirse siquiera a números de ejemplares, números de crías, salud de los ejemplares, permanencia en el tiempo de los adultos, ampliación de sus espacios salvajes, etc., nos deja a todos con la duda…sobre todo a los neófitos en la materia como yo sobre biología y/o zoología, si es que este problema lo es solo en ese aspecto de la ciencia.

Pero desde luego, si hay algo de lo que yo sé, es de turismo, su implantación, desarrollo, impacto y tendencias, y también, de su socioeconomía. Establecer sinónimos entre, “turistas, negociantes y mercaderes”, es estar fuera de la realidad del mundo, y de una conservación que debe urgentemente reingeniarse. Las huellas de los osos no pueden, no deben ya, ser disfrutadas solo por aquellos que durante 25 años no han sido capaces con millones y millones de euros públicos de conservar a las especies.

Volvemos a la batalla de siempre y eterna: los que defendemos el desarrollo del ecoturismo en España somos “supuestos conservacionistas” pero los demás son auténticos conservacionistas; dicho de otra forma: si yo observo y me acerco al oso, mejoro su salud; si se acerca cualquiera que yo no conozca, lo estresa y empeora la especie. Esta falacia ya es insostenible, y no sólo por la necesidad de desarrollo que seguramente reclaman ciertos municipios en torno al oso. Pero es que….¿Desarrollar el ecoturismo en torno al oso, es según este señor “una filigrana imposible?”. Pero y ¿De dónde saca esta información? ¿Tradiciones culturales, etnografía y otros recursos si pueden ser explotados sin peligrar su impacto, pero el oso no? ¿Son formas de vida, antropología y/o manifestaciones artísticas y/o populares menos importantes que lo que representa el oso? O quizás…debería todo, en su conjunto llenar de contenidos un destino turístico donde el oso sea el núcleo de la conservación. Territorio como un todo. Destino experiencial capaz de generar riqueza que de otra forma ha sido imposible. Ese es el reto.

 

Un doctor también debería saber que para opinar si hay empresarios turísticos que no quieren este tipo de proyectos, debe haber un estudio o una base documental mínima. Un doctor debería saber que, para poder opinar como otros recursos pueden ser explotados y generar igual riqueza y sostenibilidad económica debe haber una base documental mínima. Un doctor debería saber que lo “incompatible o crítico” también es usado en conservación cuando hablamos de lo socialmente aceptable y lo econonómicamente viable en un territorio.

Decir que es “vergonzoso” que el ecoturismo pueda contribuir a la conservación de estas especies en el siglo XXI es como digo, estar fuera de la realidad mundial, a no ser que, desde la Universidad de Noruega donde trabaja este señor, se le subsidien sus trabajos de protección del oso para así no tener que emprender ningún negocio “maldito” relacionado con el patrimonio de su región. Mientras, Noruega, seguirá con su estrategia nacional turística de acceso a sus fiordos, bosques y fauna, como  segundo eje de crecimiento económico después del petróleo; o Alemania, subsidiará a los ganaderos españoles, mientras introduce y extiende al lobo en sus regiones mediante ayudas gubernamentales a Volkswagen.

Y así nos va…

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