Qué los árboles adultos nos dejen ver todo el bosque

En el robledal

Otra faceta de la habitual bronca cantábrica la muestran estos días los castaños. Resumiendo bastante, muchos individuos de Castanea sativa están enfermos (tinta del castaño y chancro), y parece que la medida a aplicar es la tala, básicamente a matarrasa, de esas poblaciones que llamamos castañares.

Uno de esos montes destinados al agresivo manejo es el Monte Allende, al que se accede cómodamente desde Campo de Caso (Asturias), epicentro social del Parque Natural de Redes1. Me falta formación e información para saber cuan justificada está la medida. En cambio, sí tengo información sobre la composición de ese castañar, antes que deje de serlo. Desde hace algunos cursos, este 2013 / 2014 incluido, hemos usado un trocito del castañar en las prácticas de Ecología de la Universidad de Oviedo. Parece que será el último, y habrá que buscar otro monte para las prácticas2.

Prácticas de ecología en Caso (Asturias), en la ladera opuesta al Monte Allende. Rodeados de Quercus pyrenaica.

Prácticas de ecología en Caso (Asturias), en la ladera opuesta al Monte Allende. Rodeados de jóvenes Quercus pyrenaica, durante el campamento de ecología (Abril de 2010) 

Los castañares, castañeos, las castañares, llámalas como quieras, son comunidades vegetales fruto del manejo y explotación de las especies nativas. Son resultado de favorecer los castaños y suprimir el resto de especies arbóreas que crecerían en el mismo contexto. Os muestro algunos datos recogidos por los alumnos en prácticas en la castañar del Monte Allende:

Proporción de especies presentes en las parcelas muestreadas (adultos). Gráfica de Sandra Freitas Rodríguez, Miguel García Álvarez y Judith García Cabrero (2012 / 2013)

En el Monte Allende, los castaños eran casi el 70% de los árboles adultos, con una densidad media de 500 individuos por hectárea. A eso hay que añadir otros 100 individuos por hectárea de otras especies arbóreas como abedules, arces, cerezos, fresnos…

Pero que los árboles adultos, el presente, no oculten el resto del bosque. Hay más cosas en una castañar; hay otros estratos, hay herbáceas, matorrales, y hay juveniles. Esas moles de madera y sombra que son los adultos, entran en la comunidad forestal como plántulas, de apenas unos centímetros y sin tejido leñoso. Así como en los colegios de primaria contemplamos el futuro de la población humana (hay que cuidarlos), el suelo del bosque alberga buena parte del futuro de la comunidad forestal.

20131222-155138.jpgPlántula de arce (Acer pseudoplatanus) con las hojas cotiledonares.

En un momento cualquiera distinguimos en un bosque árboles de distintas especies y edades, así como otras especies leñosas y herbáceas. Si el que tienes más cerca no tiene matorrales, ni juveniles; si cuando sea la época no ves plántulas, ni setas, ni las incómodas zarzas, lo más probable es que esté sometido al intensivo manejo que trasforma bosques en arboledas y parques. Si el que tienes cerca parece estar compuesto por árboles de una única especie, y especialmente si parecen tener la misma edad, se diría que estás en una plantación.

Volviendo al bosque, aunque sea uno manejado como la castañar del Monte Allende, si bajamos la mirada y enfocamos a los juveniles, la foto sale bastante distinta:

Proporción de especies presentes en las parcelas muestreadas (juveniles). Gráfica de Sandra Freitas Rodríguez, Miguel García Álvarez y Judith García Cabrero (2012 / 2013)

Los arces, y no los castaños, eran la gran mayoría de los arbolitos en el sotobosque del área de prácticas. Dominaban entre los juveniles aún más que los castaños entre los adultos. Dicho de otra manera, el sector adulto era algo más diverso que el juvenil.

En ecología esas cosas las medimos con índices de diversidad, que combinan la riqueza de especies con la proporción de individuos de cada especie. Haceros una idea de como funcionan: un trozo de bosque con 198 castaños, un roble y un abedul es menos diverso que un trozo de bosque con 75 castaños, 50 robles y 75 abedules, aunque estén presentes las mismas 3 especies. En las parcelas del Allende, los adultos mostraban un índice de Simpson de diversidad de 2,13, por 1,47 de los juveniles. Sorprendía de hecho al empezar a trabajar la gran cantidad de arces juveniles, entre 2 y 10 por m2 en las distintas réplicas del conteo; más aún teniendo en cuenta que sólo había unos pocos Acer pseudoplatanus adultos en las parcelas3.

¿Que pasaría si durante 100 años dejáramos de manejar o explotar el Monte Allende? No, no, qué ocurriría con la comunidad forestal; no me refería a la salud mental de los nasíos pa manejá.

Esa pregunta hurga en los dominios de la sucesión ecológica, un tema favorito del que suscribe (lo que no implica que sepa gran cosa, que también me gustan las orcas y sólo sé que muerden). Los estudiantes aprenden que determinadas combinaciones de clima, suelo y antecedentes biológicos, entre otros factores, dan lugar a determinadas comunidades vegetales, más menos incertidumbre e imprevistos. Cambia la combinación, ya sea porque cambias el clima, porque cambias el suelo, o porque introduces o retiras especies, y deberías tener una sucesión ecológica distinta. Así, nos dicen los botánicos y paleoecólogos que en Asturias más de tres cuartos del territorio estarían cubiertos por bosques4, si las combinaciones anteriores se salieran con la suya.

Entonces, ¿sería el Monte Allende un bosque de arces dentro de 100 años?

Muy difícil de predecir dentro de límites aceptables; entran en juego demasiadas cosas. Nota: creo que este tipo de respuestas garantizan que algún cerebro determinista nos llame biodispersos a los ecólogos; es posible no obstante que el eficaz determinista culpe a la mala suerte o a la conspiración cuando no consigue sus objetivos. Uy, que me despisto cazando fantasmas; si, eso, la complejidad de los arces: la dominancia juvenil no garantiza la dominancia en fases posteriores. La propia sucesión ecológica da lugar a cambios bióticos y abióticos: varía la cantidad de luz que alcanza el suelo, varía la retención de humedad, varía la intensidad de la competencia, etc.

Entran también en juego las perturbaciones, esas alteraciones, esos accidentes, que revierten total o parcialmente el avance de la sucesión ecológica, dependiendo de su intensidad y tamaño. Un tormentón con ráfagas de 140 km / h puede suponer una perturbación importante en un bosque caducifolio templado, tumbando árboles adultos y a los juveniles que estos arrastren al caer, y creando claros en los que cambia la penetración de la luz, del viento, del agua, y de los herbívoros.

Ahora que lo pienso, talas del 67% de los adultos de un bosque, por manejado que éste sea, son un buen ejemplo de perturbaciones. Duras.

¿Que será de los arces juveniles del Monte Allende?.

Fuente noticia.

0 Comentarios

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>