DESDE LO MÁS PROFUNDO. (LOBO MARLEY)

LOBO DE LA RAZON

PETIGRISES

Una leyenda Inuit cuenta que al principio del mundo sólo existía una pareja de humanos, sin animales. La mujer pidió a Kaïla, dios del cielo, que poblara la tierra. Éste mandó perforar un agujero en el hielo y de allí salieron todos los animales, el último de los cuales, y más preciado, fue el caribú que daría alimento, pieles y otros enseres a la comunidad. Sin embargo, al cazar a los mejores, pronto no
quedaron más que los enfermos o débiles. Entonces la mujer volvió a pedir ayuda y, por el mismo sistema, pescó al lobo, enviado por
Amorak (el espíritu del lobo), para que devorara a los animales débiles y mantuviera la calidad del caribú.

Lobo Alga y Omega - Lobo Marley

El lobo forma parte de nuestro imaginario social. En muchos mitos y leyendas “fundacionales” de todo el mundo, no está asociado a algo dañino, más todo lo contrario, el lobo, protege. En algún momento esta relación con el lobo, cambió, y comenzaron nuevas leyendas sobre su malignidad. No sabemos si el cuento volverá a cambiar pero si sabemos que hoy falta mucha pedagogía sobre el lobo, una pedagogía perdida pero que está ahí, como en el relato de los Unuits, a nuestro alcance.

 

Aquí “dentro” (facebook) somos muchos quienes apostamos por la convivencia entre actividad humana y lobo, que es posible aunque no se quiera defender públicamente, pero allá fuera hay grupos de interés con voz legitimada por buena parte de la clase política que, al ser cantera de votos, porque son los que viven en el campo, sus vindicaciones están siempre en la agenda política regional. Su mirada es cortoplacista y sobre todo local, pero no importa. No les hables de biocenosis, no les hables del “efecto cascada”, no les hables de proteger un poquito mejor al ganado, de enseñar a perros, o de recuperar la cultura del pastoreo. No les importa. En el siglo XXI, se pretende que el ganado paste, libre, sin tener que preocuparse de los lobos, que es como decir, sin tener que rondar mucho al ganado, salvo para darles de comer. Supongo que a eso le llaman la  “modernización del campo español”.

 

Cuando se realiza una actividad profesional en el medio rural se ha de saber que “el campo” no es un parque con petigrises monos. Algunas veces da la impresión que lo que se busca es una naturaleza “domada”. Muchos ganaderos no quieren animales salvajes que lesionen o compitan con su ganado, como si el campo fuera, por derecho, solo suyo, algunas otras personas se “horrorizan” cuando van al campo porque  pisan cacas de vaca o de caballo, hay moscas y algunos perros, de labor, sueltos que asustan a los niños. Vaya por Dios. Se dice que es mejor que los lobos estén en parques naturales y que no salgan de allí, pero da la impresión que lo que se quiere es hacer del medio rural un parque temático ¿Qué esperamos del campo? ¿Qué esperamos del medio rural, los unos, los otros y nosotros mismos?

 

Los lobos no son el mayor problema que tienen muchos ganaderos, esto lo saben ellos mismos, pero si es el problema más incómodo, porque les obliga a ponerse delante de un espejo, y a tomar medidas preventivas y precauciones que requieren tiempo, dinero y esfuerzo. Y no quieren testigos de esa incomodidad, por lo que se enfrentarán, siempre, a quienes les pongan el espejo.

 

Hace años existía una negativa a emprender medidas de protección de riesgos laborales en las empresas, se veía como un engorro “eso de proteger a los trabajadores”, pero al final, lentamente, con mejor o peor fortuna, se fue “asumiendo” ¿cuánto tiempo tardará el mundo ganadero en asumir que, si se vive y trabaja en el medio rural, hay que tomar ciertas precauciones de “riesgos laborales” frente a posibles depredadores?

 

Exigir una zona libre de lobos (Ávila, Ribadesella…) es una actitud tan desmesurada como egoísta, pero los enfrentamientos o los llamamientos no conducen a nada si no hay correlación de fuerzas. El medio rural, el de la vida real, es muy diferente a como lo imaginamos. No es sólo paisaje. No es sólo calidad de vida en el sentido de ajustarse a los ritmos más acompasados que marcan las estaciones del año. También hay estrés, aunque de otra forma.

 

No hay suficiente gente dispuesta a hacer pedagogía o gente dispuesta a vivir todos los días en pueblos pequeños, ganaderos, muchas veces con caciques locales omnipresentes, pueblos sin casi servicios, para dar ejemplo con nuevas formas de entender la vida y con ella la ganadería, que permitan ir cambiando viejas mentalidades por otras más empáticas y de futuro con el medio ambiente rural.

 

Defender al lobo es valiente y es de justicia, en el siglo XXI es intolerable justificar matanzas de animales sólo porque incomoda su presnecia a unos pocos, pero defenderlo en el campo es complicado sin correlación de fuerzas, porque vivir en el campo está muy bien, pero no es ni idílico ni bucólico-pastoril, hay resistencias y se sufren daños no por pensar diferente, sino por actuar diferente. De esos daños y de esa “soledad del diferente” apenas se habla cuando defendemos al lobo y al mundo rural y no sale jamás en la agenda de ningún político local.

B . Marley

 

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