El relato de Beatriz sobre los lobos de Cabárceno

Me llamo Beatriz Cebrián y mi lobo ha dejado de existir.

 

Sí, mi lobo, porque a pesar de no ser mío en sentido estricto, Josh, que así se llamaba, era tan mío como lo es el aire que respiro.

 

Como llegó hasta mí, solo importa en la medida en que pueda servir para hacer justicia, frente a la sin razón que supone que haya sido separado para siempre de mí, de la vida que merecía vivir, aunque por su naturaleza no pudiera ser conmigo.

 

Hace algunos años, Josh, un auténtico lobo ibérico, se anunciaba para su venta a través de Internet. Cuando supe de este hecho, lo puse en conocimiento de una Asociación en defensa del lobo, que cursó la correspondiente denuncia al Seprona.

 

Josh formaba parte de una red de tráfico ilegal de especies salvajes, y fue así como en el marco de la operación “Lobezno” fue rescatado, corriendo más suerte inicialmente de la que tuvieron otros animales objeto también de ese comercio ilegal.

 

Dado mi incesante interés y preocupación por él, mis pocos conocimientos en la materia y mi amor incondicional por el lobo ibérico, así como la inexistencia en España de un lugar específico donde los animales víctimas de estos delitos puedan ser tenidos hasta mejor destino, Josh, mi pequeño lobo ibérico, me fue entregado en pésimas condiciones cuando solo contaba cuatro meses.

 

El objetivo, su recuperación y tenencia provisional hasta que pudiera reintroducírsele en un lugar idóneo y la razón principal, Josh constituía una de las principales pruebas, la prueba viviente de todo un entramado delictivo de tráfico de animales salvajes, que se estaba instruyendo en el correspondiente Juzgado.

 

Fue así como Josh vino a compartir nuestras vidas, un lobezno de cuatro meses que permaneció con nosotros hasta la edad adulta.

 

Cabe decir que recibimos todos los permisos y autorizaciones necesarias para su tenencia y que aunque estábamos en una casa con terreno y en zona de campo, el hábitat que nos rodeaba sólo podía ser válido por un tiempo. Pues aún siendo óptimo para su recuperación, no era el más adecuado y siempre fuimos conscientes de que no se trataba de un animal doméstico, sino de un lobo ibérico, con todo lo que ello representa.

 

A pesar de todo, que podría decir yo, sino la verdad.

Josh sorprendió con su comportamiento a propios y extraños.

Podría escribir miles de páginas sobre lo que supuso tenerle aquí, su presencia en esta casa, sobre lo que implica compartir tus días con un ser absolutamente mágico, tan desconocido como denostado en este país, que a la vez es el suyo, el del lobo ibérico. Pero toda palabra se queda vacía para describir una sola de sus miradas, cualquiera de sus silenciosos pasos al aproximarse.

 

Lamentablemente, ese no es el objetivo de mi escrito, aunque sin duda, siempre será un placer ilustrar a aquellos, que tan amantes de esta especie como lo soy yo, puedan tener interés alguno.

Para mi desgracia Josh no se podía quedar aquí, no se debía quedar aquí.

Próximo a cumplir el año, supimos, como todo aquel que ama profundamente algo, que habíamos de buscar lo mejor para él, por encima de cualquier otra motivación.

 

Después de barajar distintas posibilidades y a la espera de que concluyera un proyecto de parque natural, que debido a la crisis se encuentra paralizado, y que considerábamos el mejor, decidimos, tras una serie de conversaciones entre ambas partes, trasladar a Josh, al menos por el momento, al parque de la naturaleza de Cabárceno.

Allí habitaban ya tres hembras de su misma especie, lo que facilitaría su reintroducción al medio.

 

He de decir, a día de hoy, que nunca llegué a estar convencida de la decisión tomada, que fue la alternativa menos mala de las que se nos ofrecían en aquel momento, que siempre estuvo presente en nuestra mente el trasladarlo en un futuro próximo a un lugar mucho más adecuado a sus necesidades y que ya entonces no quede satisfecha con el estado que presentaba alguna de las hembras de lobo.

Pero jamás hubiéramos podido imaginar, ni en la peor de todas las pesadillas, que estábamos firmando la sentencia de muerte de Josh a manos de los responsables del parque natural de Cabárceno, al que se supone conservacionista y abanderado de la protección animal a nivel europeo.

 

Todas estas actuaciones se llevaron a cabo con el conocimiento y consentimiento del Seprona, las autoridades competentes y la Jueza del caso.

 

De tal modo que Josh nunca se entregó al parque natural de Cabárceno en propiedad, ya que tampoco era nuestro.

Josh se encontraba en Cabárceno en depósito, pues constituía una prueba vital en el ya mencionado caso judicial.

Josh, como animal salvaje que era, no era propiedad de nadie, y era la justicia la que estaba velando por su vida y la de otros como él, por una vida digna y libre, antes de que se cometiera la mayor de las injusticias.

 

A principios del pasado mes de Diciembre, tengo noticias de la atrocidad cometida en Cabárceno.

Seguidamente comprobaría que escasas y breves notas de prensa se habían hecho eco de la misma.

Pero es al día siguiente cuando sentí el dolor más inmenso, la aguda punzada que corta la respiración, ante la certeza absoluta de la muerte de Josh.

Fueron los mismos responsables del parque los que confirmaron lo que ya me habían anticipado, Josh era uno más de los ocho lobos adultos que el mismo parque de la naturaleza de Cabárceno abatió a tiros, con nocturnidad y alevosía.

Desde entonces ese dolor no me abandona.

 

Cometieron con su actuación no sólo una barbarie, sino en el caso concreto de Joss una inexcusable ilegalidad, que pisotea el poder judicial sin escrúpulo alguno destruyendo sus pruebas e incumpliendo sus mandatos. Ata las manos a la justicia para actuar en un caso que trataba precisamente de hacer valer los derechos de los animales.

 

Tal fue su incompetencia y el despropósito de su actuación, que pareciera hubieran olvidado, que a la gravedad extrema que representa el hecho de que un parque natural opte por asesinar, a sus moradores, a sus propios animales, se suma el hecho por ellos conocido, de que Josh ni siquiera era suyo, les fue solamente cedido.

 

El parque de la naturaleza de Cabárceno tomó la decisión de eliminar a ocho ejemplares de lobo adulto, entre los que se encontraba Josh. Lobo ibérico que no era de su propiedad y prueba judicial fundamental.

 

Las razones y motivos con los que tratan de justificarse no se sostienen desde ningún punto de vista, y no convencen a nadie y mucho menos a aquellas Asociaciones interesadas y conocedoras del asunto.

 

Enumerar aquí la lista de errores llevados a cabo por los responsables del parque natural de Cabárceno no es el objetivo, pues es ante la justicia donde deben rendir cuentas, dar explicaciones y asumir las consecuencias que la misma les depare por semejante atrocidad, que constituye delito.

 

El fin último de mi historia, es que ustedes que han sido conocedores de estos hechos, sepan ahora del caso especial que Josh representa y de la ilegalidad añadida que ello supone, para que consideren firmemente tomar las medidas legales oportunas, presentándose, si así lo consideran, como una acusación particular más ante la Fiscalía al objeto de que tales hechos sean enjuiciados.

 

Me consta que Javier López Marcano, diputado del PRC (Partido Regional Cántabro) ha presentado ya denuncia ante la Fiscalía.

 

No obstante, entiendo que no es suficiente y que todas aquellas asociaciones en defensa de la vida de los animales salvajes y del lobo ibérico en particular, deben hacer frente común ante esta barbarie y exigir las responsabilidades y penas oportunas.

 

Este es mi testimonio sobre uno de esos lobos adultos abatidos a tiros en Cabárceno.

 

Escapa a la razón que el parque de la naturaleza de Cabárceno haya obviado esos fines educativos, culturales y científicos por los que dice regirse, así como que hablen de sacrificio cuando han mediado tiros y lo que se ha llevado a cabo es una auténtica matanza.

Cuesta comprender que digan haber seguido métodos de control poblacional como el culling, que implica el sacrificio de crías, cuando han exterminado a ocho adultos y que tengamos que leer en su página web que no son un zoológico o parque natural convencional, para luego verles esgrimir en su defensa, que éstas son prácticas habituales en los mismos.

 

Estoy en disposición de facilitar todos aquellos datos, contactos y pruebas de lo aquí expuesto, así como de colaborar con ustedes en todo aquello que consideren oportuno.

Para ello, les facilito todos mis datos de contacto, pues no me mueve otro deseo que el de ser la voz de esos animales que tan injustamente han sido callados y evitar que vuelva a suceder.

 

En la estadística es solo uno más de tantos, pero para la Justicia, Josh era esa prueba de vital importancia para defender a otros como él.

Y para mí, es mi lobo, mi Josh, al que yo cedí en pro de un futuro más prometedor.

 

Vengo a expresar así mi deseo de que estudien la posibilidad real de denunciar este caso y hacerlo llegar a las más altas instancias judiciales. Es de capital importancia que no caiga en el olvido, que la desidia no les permita a algunos actuar a su capricho, sin el control, el conocimiento y la vocación que su profesión requiere.

Para todo ello ofrezco mi testimonio, mi experiencia y ayuda en cuanto consideren necesario.

 

Atentamente

Fdo: Beatriz Cebrián

 

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