Otro ataque de lobos en Carranza se salda con once ovejas muertas y nueve heridas

Base Gorria autoriza una nueva batida para tratar de atajar las incursiones. A falta de un mes para la esquila, los rebaños pasan la noche a la intemperie «porque si no se asfixian»
18.04.14 – 01:41 –

SERGIO GARCÍA | BILBAO.

A Javier Mondoate Irastorza, un ganadero de Carranza, la Semana Santa le tenía reservado su particular calvario. Ayer por la mañana, los emisarios de su infortunio llegaron a su puerta balando, aterrorizados y cubiertos de sangre, rompiendo la quietud de una mañana soleada en el valle. Eran dos corderos cosidos a dentelladas. «Los he visto nada más levantarme a las seis de la mañana, han bajado hasta la casa hechos una pena». No le hacía falta ver nada más. De inmediato montó en el caballo y se lanzó al galope hasta el prado donde había dejado el rebaño la noche anterior, arriesgándose a que las alimañas se cebaran con tan suculento bocado. «No tenía otro remedio, con este calor las ovejas -la esquila no comienza hasta dentro de un mes- se asfixian en el establo y hay que dejarlas sueltas».

Javier ha pasado toda su vida en Carranza y ha visto de todo, pero la escabechina le dejó sin palabras, enfurecido pero impotente. «Estaban a poco menos de 200 metros de casa, pero ni yo ni mi familia hemos oído nada en toda la noche». El escenario de la matanza es un amplio prado dominado por un bosque de eucaliptos. «Me he encontrado con todo el tomate en cuanto he llegado a la campa», un lugar bucólico por lo general, salpicado de bosta y flores que se extiende por el barrio de Sierra, hasta donde conduce un desvío situado a poco más de 2 kilómetros del núcleo urbano de Concha, con sus tiendas, colegios y gasolineras. Tan cerca y al mismo tiempo tan lejos.

No es la primera vez que Javier sufre el ataque indiscriminado de los lobos -«hace dos años ya vinieron a por mis ovejas»-, aunque nunca de la magnitud de ayer. Su rebaño es de raza carranzana; noventa cabezas en la cuadra del caserío y otras setenta que se encargan de custodiar dos perros mastines en una finca de La Cueva. La feroz incursión ha causado un considerable quebranto al ganadero, que calcula que «cada una viene a costar alrededor de 20.000 pesetas (120 euros), así que echa cuentas». De lo que no queda rastro es de los autores de semejante destrozo. «Han tenido que ser al menos dos lobos, porque de otra manera no se entiende».

Paciencia agotada

Los ataques se vienen repitiendo con desesperante frecuencia de dos meses a esta parte. La situación es tan grave que la Diputación ha decidido tomar cartas en el asunto y, después de dos años sin autorizar batidas, abrir un poco la mano. Los ganaderos de la zona se han echado al monte a organizar cacerías como la que el jueves de la semana pasada se cobró un macho de gran tamaño, cuya imagen ha circulado desde entonces por las redes sociales. El goteo de ataques es incesante. La víspera de aquel día, recuerda Javier, «aparecieron dos becerros y una vaca muertos a dentelladas en la zona de Salduero». Son episodios como éste los que han hecho perder la paciencia a los baserritarras del valle, que han recurrido a la Administración para tratar así de atajar el problema.

Ayer, la llamada de auxilio de Javier obtuvo eco. «Avisamos a Base Gorria para organizar otra batida y acabar con el riesgo de nuevos ataques. Primero nos dijeron que el permiso para cazar al lobo había acabado y que no se podía hacer nada mientras durasen las fiestas. Pero después han cambiado de idea y lo han autorizado. Saldremos mañana (por hoy)». Hasta que ese momento llegue, el ganadero se afanaba en retirar los despojos a la espera de que se los lleven en camión a incinerar, en un intento también por documentar lo ocurrido y pasar página.

Otro ataque de lobos en Carranza se salda con once ovejas muertas y nueve heridas

Javier Mondoate Irastorza posa junto a su casa con las ovejas muertas a dentelladas tras la incursión nocturna de uno o varios lobos. /E. C.